“Creo que se están pasando” declaró un visiblemente molesto Lance Armstrong tras las permanentes sospechas de dopaje que surgieron tras las evidencias de irregularidades en un control del Team Astaná. Las sospechas, recaen sobre la mayoría de los participantes del Tour de France, la competencia ciclística más importante del mundo y particularmente, sobre el ciclista texano.
La ministra francesa de Sanidad y Deportes, Roselyne Bachelot, y el presidente de la Agencia Francesa de Lucha contra el Dopaje (AFLD), Pierre Bordry denunciaron “ciertas complicidades” y “actitudes demasiado complacientes” con algunos equipos por parte de dos controladores de la Unión Internacional de Ciclismo (UCI) asegurando que estas conductas no deberían repetirse.
Lance Armstrong, campeón en siete oportunidades consecutivas del Tour de France y con un pasado que envuelve, además de la gloria, varios casos de dopaje, rechazó las acusaciones argumentando que “Este equipo existe desde hace mucho tiempo y nunca hemos tenido un positivo, me parece ridículo” y agregó que “lo único que sé es que cuando llamaron a mi puerta bajé para dar mi sangre”.
Seguramente, Lance Armstrong carga sobre sus espaldas aquellas acusaciones del periódico francés L’Equipe del año 2006, donde se revelaba que el ciclista multi-campeón habría dado positivo con EPO en el Tour del año 1999 sobre un prueba que por entonces resultaba imposible de comprobar.
El EPO es la abreviatura de eritropoyetina, una hormona glicoproteica que estimula la formación de eritrocitos. En los seres humanos el EPO facilita la “creación” (en griego: poiesis) de glóbulos rojos (oeritrocitos), mejorando el rendimiento muscular en u 30% y permitiendo un mayor beneficio para deportista que desarrolla actividades aeróbicas. De esta forma se aumenta la resistencia al ejercicio físico, fundamental en pruebas de resistencia como el Tour de France.
Mientras el Tour de France ingresa en su decimocuarta etapa, el cruce de acusaciones y sospechas no se detiene.
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